¿Sabéis? Los niños tienen razón, los pinchazos duelen. Bueno, no, no duelen. Duele más bien toda esa porquería que te meten dentro (o eso creo yo). Aunque, a veces, lo que más duele es el simple hecho de que te tengas pinchar...
Yo nunca he pensado así, creo que lo dejé claro en algún que otro post... pero, muy de vez en cuando, es inevitable flaquear, porque no somos superhéroes (aunque nos lo creamos). Y no pasa nada, no pasa nada porque acabé pinchándome como todas las semanas, sin ceder a mis instintos más pueriles de mandar la aguja bien lejos.

